Prueba del CUPRA Tavascan Endurance: análisis frente a los SUV eléctricos premium actuales

Prueba del CUPRA Tavascan Endurance: análisis frente a los SUV eléctricos premium actuales
Eduardo Lopez
eduardo@pruebasdecoches.com
17-09-2025 22:00 8 minutos de lectura

Durante una semana completa recorriendo las carreteras de Andalucía, desde Sevilla hasta Granada pasando por las sinuosas curvas de la Sierra de Grazalema, el CUPRA Tavascan Endurance se ha revelado como una propuesta tremendamente interesante en el saturado segmento de SUV eléctricos premium. Y es que en un mercado donde Tesla Model Y, BMW iX3 y Audi Q4 e-tron se reparten las preferencias, la llegada de este deportivo eléctrico catalán plantea preguntas muy válidas sobre qué necesitamos realmente de un SUV electrificado en 2025.

Lo primero que llama la atención del Tavascan Endurance es su personalidad marcadamente diferente. Mientras que sus competidores alemanes apuestan por la elegancia conservadora y Tesla mantiene su minimalismo polarizante, CUPRA ha optado por un diseño que grita deportividad desde cualquier ángulo. Las proporciones son las de un coupé SUV que no se disculpa por serlo, con esa caída de techo tan pronunciada que inmediatamente te hace pensar en el Lamborghini Urus, aunque obviamente en una liga económica muy distinta.

Rendimiento real en carretera: más allá de los números de homologación

Con sus 340 CV de potencia máxima en la versión Endurance, el Tavascan se sitúa en territorio interesante. No alcanza los 450 CV del BMW iX3 M50, pero supera claramente los 265 CV del Audi Q4 40 e-tron básico. En la práctica, durante esos días por Andalucía, la diferencia se nota especialmente en adelantamientos y recuperaciones. El motor eléctrico trasero entrega esa respuesta instantánea que ya conocemos de otros eléctricos, pero la calibración de CUPRA añade una progresividad que resulta más natural que la entrega a veces demasiado brusca del Tesla Model Y.

La autonomía homologada ronda los 400 kilómetros WLTP, cifra que en condiciones reales y con un uso mixto de autopista y carreteras secundarias se traduce en unos 320-350 kilómetros utilizables. Aquí el Tavascan queda ligeramente por debajo del Q4 e-tron de Audi, que en mis pruebas anteriores había demostrado poder alcanzar los 380 kilómetros reales sin dificultad. Sin embargo, la diferencia no es dramática y entra dentro de lo esperado considerando el enfoque más deportivo del CUPRA.

Interior: cuando la deportividad choca con la practicidad

El habitáculo del Tavascan Endurance es donde mejor se entiende la filosofía de la marca. Los asientos deportivos abrazan perfectamente el cuerpo durante la conducción dinámica, algo que agradeces especialmente en las curvas cerradas de la A-372 hacia Grazalema. El volante, forrado en Alcantara, transmite esa sensación de control que busca cualquier conductor entusiasta.

Pero aquí aparece el primer compromiso importante frente a sus rivales más familiares. El espacio trasero se resiente claramente por esa línea de techo tan agresiva. Mientras que en un Q4 e-tron viajar atrás es cómodo incluso para adultos altos, en el Tavascan la cosa se complica si superas el metro ochenta. Es el precio que hay que pagar por esa estética tan atractiva, y cada comprador deberá valorar si merece la pena.

La calidad percibida está a la altura de lo esperado en este segmento, aunque sin alcanzar los niveles de acabado que encontramos en los alemanes. Los plásticos son correctos, la ergonomía funciona bien, pero hay detalles como los huecos entre paneles o la suavidad de funcionamiento de algunos mecanismos donde se nota que estamos ante un producto que ha tenido que ajustar costes para mantener un precio competitivo.

Tecnología: equilibrio entre innovación y usabilidad

El sistema de infoentretenimiento del Tavascan utiliza la misma base que otros modelos del Grupo Volkswagen, lo cual tiene ventajas e inconvenientes claros. Por un lado, la estabilidad y fiabilidad del software está garantizada, algo que no siempre ocurre con sistemas más vanguardistas. Por otro, la interfaz no resulta tan intuitiva como la de Tesla ni tan refinada como la del último iDrive de BMW.

Durante esos días de uso intensivo, el sistema de navegación con integración de puntos de carga funcionó sin problemas, aunque la velocidad de respuesta de la pantalla central no está al nivel de los mejores del segmento. Aquí CUPRA ha optado por la prudencia frente a la innovación, decisión que personalmente considero acertada después de haber sufrido con sistemas más ambiciosos pero menos fiables en otros modelos.

La conectividad es completa, con carga inalámbrica para el móvil y compatibilidad tanto con Android Auto como con Apple CarPlay. Los sistemas de asistencia a la conducción funcionan correctamente, aunque sin destacar especialmente frente a la competencia alemana, tradicionalmente más avanzada en este apartado.

Dinámica de conducción: aquí está la clave

Si hay un apartado donde el Tavascan Endurance marca distancias claras con sus competidores es en el comportamiento dinámico. La configuración de suspensiones, la distribución de pesos y especialmente la calibración de la dirección convierten este SUV eléctrico en algo genuinamente divertido de conducir.

En las curvas de montaña hacia Ronda, el Tavascan demostraba una agilidad sorprendente para sus casi dos toneladas de peso. La tracción trasera ayuda a mantener esa sensación de propulsión que tanto echamos de menos en los tracción delantera, y el centro de gravedad bajo típico de los eléctricos se nota en cada curva cerrada.

Comparado con el Tesla Model Y, que puede resultar algo nervioso en conducción deportiva por su calibración demasiado rígida, el CUPRA encuentra un equilibrio más acertado entre confort y deportividad. Frente al BMW iX3, más enfocado al confort de rodadura, el Tavascan ofrece sensaciones más puras y conectadas con el asfalto.

Carga y autonomía: la realidad del día a día

La velocidad de carga máxima se sitúa en los 135 kW, cifra correcta aunque sin llegar a los picos de algunos competidores más avanzados. En la práctica, durante las paradas en Ionity de la A-4, el tiempo para pasar del 10% al 80% rondaba los 35-40 minutos, dependiendo de las condiciones de la estación y la temperatura ambiente.

Este aspecto resulta crucial para entender el posicionamiento del Tavascan. No estamos ante el eléctrico más eficiente del mercado, pero sí ante uno que ofrece una experiencia de carga sin sorpresas desagradables. La planificación de rutas largas requiere cierta previsión, especialmente si quieres aprovechar la deportividad del coche, pero no se convierte en una limitación dramática para el uso diario.

Precio y posicionamiento: la ecuación final

Con un precio que arranca en torno a los 50.000 euros antes de ayudas, el Tavascan Endurance se sitúa en territorio competitivo frente a sus rivales directos. Cuesta menos que un BMW iX3 equivalente y se acerca al Q4 e-tron, pero ofrece una personalidad marcadamente diferente a ambos.

La pregunta clave es si el mercado español está preparado para aceptar que un SUV eléctrico puede ser genuinamente deportivo sin renunciar por completo a la practicidad. En mi experiencia, conductores que vienen de modelos como el Seat León Cupra o incluso del Golf GTI encontrarán en el Tavascan una evolución lógica hacia la electrificación sin sacrificar ese factor diversión que tanto valoran.

Veredicto: personalidad frente a versatilidad

Después de esa semana intensa de pruebas por tierras andaluzas, el CUPRA Tavascan Endurance se revela como una alternativa sólida en un segmento que necesitaba precisamente eso: alternativas con personalidad propia. No es el SUV eléctrico más práctico, ni el más eficiente, ni tampoco el más lujoso. Pero es, posiblemente, el más divertido de conducir de todos los que he probado en este rango de precios.

Su éxito dependerá de que existan suficientes compradores dispuestos a priorizar el factor emocional sobre la pura racionalidad. En un mercado donde Tesla domina por tecnología, los alemanes por prestigio y los coreanos por relación calidad-precio, CUPRA apuesta por las sensaciones. Una estrategia arriesgada, pero que puede funcionar muy bien en un país donde la pasión por la conducción sigue siendo un valor importante a la hora de elegir coche.