Prueba del BMW M3 Berlina 2025: ¿sigue siendo el rey frente a Audi RS4 y Mercedes C63?

Prueba del BMW M3 Berlina 2025: ¿sigue siendo el rey frente a Audi RS4 y Mercedes C63?
Eduardo Lopez
eduardo@pruebasdecoches.com
17-09-2025 19:24 7 minutos de lectura

Durante cinco días intensos recorriendo las serpenteantes carreteras de los Picos de Europa, he tenido la oportunidad de poner a prueba el nuevo BMW M3 Berlina. Y debo confesarlo desde el principio: salí con más dudas de las que esperaba. No porque el coche decepcione, sino porque la competencia ha apretado tanto que ya no es tan evidente quién lleva la batuta en este segmento.

El M3 llega a 2025 con una propuesta que intenta mantener su esencia deportiva mientras abraza las nuevas normativas ambientales. El resultado es un coche que conserva ese carácter agresivo que siempre lo ha definido, pero que ahora debe convivir con un contexto muy diferente al de hace una década.

La eterna batalla de los seis cilindros

BMW sigue apostando por su motor de seis cilindros en línea biturbo, una decisión valiente cuando Mercedes ha optado por un V8 híbrido en el C63 y Audi juega sus cartas con el V6 del RS4. Los 510 CV del M3 Competition se sienten inmediatos desde el primer pisotón al acelerador. Es una potencia que llega de forma lineal, sin los típicos baches de entrega que a veces caracterizan a los motores sobrealimentados.

Durante mi paso por el Puerto de San Isidro, la respuesta del motor en las subidas pronunciadas fue ejemplar. Aquí es donde se nota la diferencia frente al Mercedes C63, que con toda su electrificación puede resultar más pesado en estas situaciones. El M3 mantiene esa agilidad característica que hace que cada curva sea una invitación a acelerar un poco más.

Sin embargo, no todo es perfecto en el apartado mecánico. El consumo real ronda los 12-13 litros en conducción mixta, cifras que contrastan brutalmente con las promesas del ciclo WLTP. Comparado con el Audi RS4, que logra cifras similares pero con una entrega más suave, el BMW peca de ser más sediento, especialmente cuando decides explotar su potencial.

Tracción integral que convence a medias

BMW ha refinado su sistema xDrive, y debo reconocer que la tracción integral del M3 se siente más natural que en generaciones anteriores. Durante las jornadas lluviosas en Asturias, la confianza que transmite es notable. El coche reparte la potencia de forma inteligente, permitiendo derrapadas controladas cuando el modo de conducción lo permite, pero manteniendo siempre un margen de seguridad.

No obstante, sigue sin tener la precisión quirúrgica del Quattro de Audi. El RS4 ofrece una sensación de adherencia más constante, mientras que el sistema de Mercedes, aunque más complejo por la hibridación, proporciona una tracción más predecible en condiciones adversas.

Interior: lujo germánico con matices

El habitáculo del M3 es donde BMW demuestra que entiende lo que busca su clientela. Los asientos M con certificación de carreras ofrecen un soporte excepcional durante la conducción deportiva, pero siguen siendo cómodos para viajes largos. Durante mis cinco días de prueba, incluyendo algunos trayectos de más de 300 kilómetros, nunca sentí fatiga excesiva.

La pantalla curva de 12,3 pulgadas funciona con fluidez, aunque el sistema iDrive sigue siendo más complejo de lo necesario. Aquí Mercedes lleva ventaja con su sistema MBUX, más intuitivo y con mejor reconocimiento de voz. BMW parece haberse enamorado de los submenús, y encontrar ciertas funciones puede convertirse en una odisea.

Los materiales son de primera calidad, con abundante uso de fibra de carbono y alcántara. Sin embargo, echo en falta ese toque especial que tiene el interior del RS4, donde Audi ha logrado un equilibrio perfecto entre deportividad y elegancia.

Dinámica de conducción: el alma del M3

Aquí es donde el BMW recupera terreno perdido. La dirección es precisa, con el peso justo para transmitir confianza sin resultar pesada en maniobras lentas. El chasis, firmemente calibrado, absorbe las imperfecciones del asfalto sin comprometer la agilidad. En las bajadas del Puerto del Pontón, el comportamiento del M3 fue ejemplar, con una estabilidad que invita a mantener ritmos elevados.

Los frenos merecen mención aparte. El sistema M Compound, con discos de 380mm delante y 370mm atrás, ofrece una progresividad excelente. Tras varios descensos intensos, nunca noté síntomas de fatiga térmica, algo que sí he experimentado en el pasado con el C63, especialmente en circuito.

La suspensión adaptativa permite ajustar el carácter del coche desde lo cómodo hasta lo espartano. En modo Comfort, el M3 se comporta como una berlina ejecutiva cualquiera. Activa el modo Track y se transforma en algo completamente diferente, con una rigidez que roza lo incómodo para uso diario pero que resulta perfecta en carreteras reviradas.

Tecnología y asistencias: el talón de Aquiles

BMW ha cargado el M3 de tecnología, pero no toda está a la altura de las expectativas. El sistema de navegación funciona correctamente, aunque la integración con Apple CarPlay y Android Auto podría ser más fluida. Durante mis desplazamientos por carreteras secundarias asturianas, el GPS me llevó por rutas poco lógicas en varias ocasiones.

Los asistentes de conducción son eficaces pero intrusivos. El control de crucero adaptativo funciona bien en autopista, pero en carreteras de montaña tiende a frenar de forma brusca ante curvas pronunciadas. Comparado con el sistema de Audi, que resulta más refinado, o el de Mercedes, más intuitivo, BMW aún tiene trabajo por hacer.

El dilema del precio y la competencia

Con un precio que supera los 100.000 euros en la versión Competition, el M3 se sitúa en tierra de nadie. Es más caro que el Audi RS4, que ofrece practicidad similar con un comportamiento más equilibrado para el día a día. Y si buscas emociones puras, por un poco más puedes acceder a deportivos más radicales como el Porsche 911 Carrera.

La cuestión es si BMW ha sabido justificar esa diferencia de precio. Durante mi semana de pruebas, la respuesta no fue clara. El M3 ofrece prestaciones excepcionales y un carácter único, pero la competencia ha mejorado tanto que ya no hay ganadores absolutos.

El rey destronado o aún en el trono

Después de más de 2.000 kilómetros al volante del BMW M3 Berlina, mi veredicto es complejo. Es un coche excepcional que mantiene esa esencia deportiva que siempre ha caracterizado a la serie M. Su motor es una delicia, su comportamiento dinámico sigue siendo referencia, y su carácter único lo diferencia claramente de la competencia.

Pero ya no domina su segmento como antaño. El Audi RS4 ofrece un paquete más completo para uso diario, el Mercedes C63 aporta más tecnología y exclusividad, y opciones como el Alfa Romeo Giulia Quadrifoglio proporcionan emociones similares a menor precio.

¿Recomendaría el M3? Absolutamente, pero solo si buscas específicamente lo que BMW ofrece: esa combinación única de deportividad y usabilidad diaria que nadie más logra de la misma forma. Ya no es una compra obvia, pero sigue siendo una compra emocional perfectamente justificable.

En un mercado donde la electrificación avanza inexorablemente, coches como este M3 representan probablemente el canto del cisne de una era dorada. Y quizás eso, paradójicamente, los haga aún más deseables.